

Colegio Oratorio Don Bosco
El pasado fin de semana, un grupo de 15 estudiantes del Oratorio Don Bosco, acompañados por cinco educadores y dos apoderados, viajó a participar del Campamento CDS, una instancia que reunió a niños y jóvenes de distintas ciudades en torno al carisma de Santo Domingo Savio y la vida comunitaria salesiana.
Desde el primer día, el entorno natural se convirtió en un punto de encuentro. “El lugar era muy bonito, y desde que llegamos sentí que podía conectar con todos”, recuerda Ian Patrick Mc Intosh Garrido, del I°A, quien fue uno de los participantes más entusiastas.
La programación del campamento combinó oración, talleres, formación y actividades recreativas. La figura de Santo Domingo Savio fue el hilo conductor, invitando a los estudiantes a reconocer sus propios dones y ponerlos al servicio de los demás. Las caminatas hacia el río y las dinámicas grupales se transformaron en espacios de encuentro real entre jóvenes de distintas ciudades que comparten el mismo ideal.
“El ambiente era divertido y seguro, como un lugar donde uno podía ser uno mismo”, cuenta Ian, destacando que participar con estudiantes de otros colegios ofreció una experiencia distinta a la vida cotidiana: “Es salir de lo común, pero igual aprendiendo y pasándolo bien”.
Para varios, esta fue también su primera experiencia de campamento, un desafío que implicó convivir, organizarse y crecer en autonomía. Entre las anécdotas que quedarán en la memoria, Ian menciona una en particular: “Cuando bajamos al río… estaba precioso. De verdad es algo que me voy a llevar”.
Desde la coordinación pastoral, Mario Correa valora profundamente lo vivido por el grupo. Destaca que el solo hecho de reunir a quince estudiantes, junto a educadores y apoderados, ya habla de una disposición genuina a vivir algo distinto. “El campamento no fue solo una salida recreativa, fue una experiencia de encuentro real, de esas que marcan”, señala.
Agrega que la combinación diaria de oración, formación y recreación permitió que la propuesta pastoral se integrara de manera natural en cada jornada. “La figura de Santo Domingo Savio ayudó a que los estudiantes reconocieran sus dones y entendieran que no son para guardarlos, sino para ponerlos al servicio, siendo verdaderos misioneros de esperanza en lo cotidiano”, enfatiza.
Compartir con jóvenes de distintas ciudades amplió horizontes, fortaleció el sentido de pertenencia y reafirmó la identidad salesiana del grupo. “Fue una experiencia breve en días, pero profunda en contenido. De esas que no hacen ruido, pero dejan huella”, concluye Correa.
Una experiencia que, sin duda, quedará en la memoria de quienes participaron y que marca el cierre de un año pastoral que sigue reuniendo, formando y acompañando a nuestros estudiantes en cada paso.
